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Ignacio Uriarte Arte de ‘oficina’

NOÈLIA HERNÁNDEZ

Empezaré por el final. Por lo que encontramos al entrar en la galería Nogueras Blanchard. Aunque ve- rán que lo más interesante es el ca- mino que Ignacio Uriarte (Krefeld, Alemania, 1972) ha recorrido hasta llegar aquí. Su último trabajo es la película The history of the typewri- ter recited by Michael Winslow; un proyecto que hace dos años, cuan- do el artista exponía en este espa- cio por primera vez, era un sueño en busca de financiación. Se trata de un beat box realizado por el magnífico Michael Winslow (Loca academia de policía), en el que se narra la historia de la máquina de escribir en una suerte de homenaje “a un sonido que es parte de la banda sonora de nuestras vidas”, que con las nuevas tecnologías ha sido relegado al olvido.

Desde que en el 2004 decidió abandonar su trabajo como empleado administrativo para dedi- carse de lleno al arte, Ignacio Uriar- te ha desarrollado un trabajo que califica como arte de oficina, en el que transforma acciones rutina- rias propias de un empleado de es- te entorno en métodos organiza- dos y matemáticos de creación. Su obra abarca dibujos, animaciones,

bjetos, filmaciones o acciones-ex- perimento realizados en el ámbito público, inspirados en la noción de rutina y el entorno artificial del mundo laboral. Para ello emplea materiales sencillos y cotidianos como pueden ser sobres, cuader- nos, cartuchos de tinta, archivado- res o, como en esta última propues- ta aunque no podamos verlo, má- quinas de escribir. A nivel estético, su trabajo tiene claras referencias al arte conceptual y minimalista de los años 60 y 70, con la influencia de figuras como LeWitt, Robert Ry- man o Hanne Darboven a través del eco que han tenido en artistas más recientes como Gabriel Oroz- co –cuyo conocimiento contribuyó a su cambio de rumbo profesio- nal– o como Roman Signer y Ri- chard Artschwager, quienes igual que él empezaron a dedicarse al ar- te algo más tarde, empleando meto- dologías y herramientas propias de sus respectivos oficios. En cada obra, Uriarte investiga, prueba y juega compensando una voluntaria economía de medios y simplificación formal con altas dosis de ingenio.

The history of the typewriter, aparte de un ejemplo de este ingenio, es el resultado de un esfuerzo metódico de repetición y clasificación de información. Tras escuchar los sonidos de más de tres mil máquinas de escribir de la Schreibmaschinenmuseum en Partschins, (Suiza) y el Technikmuseum Deutsches de Berlín, Uriarte regis- tró digitalmente el sonido de 68 modelos, de los cuales Winslow fue capaz de reproducir 32. Con es- ta película, el artista realiza una re

lexión sobre la dialéctica del hom- bre y la máquina al mostrar la lu- cha de éste por imitar a la tecnolo- gía. A lo largo de la grabación muestra las limitaciones de la voz humana a la vez que cuestiona el papel de la máquina en la sociedad moderna. Obras tan autorreferen- ciales como esta deben entenderse como parte de un proyecto mayor que con los años le ha ido afianzan- do como artista, dentro y fuera de nuestro país. Una lectura transver- sal de su obra revela unas líneas de investigación que permiten cono- cer algunas de las preocupaciones que guían su trabajo: la rutina y sus consecuencias, el sentido de la pro- ductividad, la mecanización de nuestros actos, nuestra relación con las máquinas, la desnaturaliza- ción de nuestras relaciones o la feti- chización de los objetos, con la intención de que el espectador tome conciencia de su quehacer diario a través de una mirada más certera hacia lo cotidiano. |

Cultura|s La Vanguardia Miércoles, 10 febrero 2010

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