Home

El escultor Cocomir, gran aficionado y conocedor del mundo de los bastones, ha creado más de 300 piezas distintas.

Jaime de Mora reconoce tener unos cincuenta y Antonio Gala, bastantes más. Sin llevarlo, Beau Brummel hubiera parecido cojo, y hasta lagunas adivinanzas clásicas (“¿cuál es el animal que de pequeño se apoya en cuatro patas, de mayor en dos y de viejo en tres?”) carecerían de razón de ser.

Pero lo más interesante es que, sin el bastón y sus innumerables aplicaciones, también el coleccionismo perdería uno de sus objetos más versátiles y creativos. Eso lo sabían lo coleccionistas más célebres. Se habla de que lo fue Tutankamen, pero resulta más próximo y seguro referirse a las colecciones de George Washington, Andrew Jackson, Voltaire, Napoleón, Toulouse-Lautrec, Brummel y, más cerca en espacio y tiempo, Salvador Dalí, para quien el bastón era, más que una apoyatura física, un insustituible compañero gestual.

Y es que, desde que el mundo lo es, la vara, el cayado y el garrote han servido para apoyarse no solo física, sino también moralmente. La vara de mando se demuestra tan antigua como las civilizaciones de Egipto y Mesopotamia. Representando autoridad, era complemento indispensable de algunos uniformes y personajes (¿quién no recuerda las varas de campo de los mariscales de ídem alemanes o la nerviosa caña de Montgomery?). Báculo de obispos, cayado de pastores, chuzo de serenos, ruidoso avisador para chambelanes que anuncian la entrada de gente importante, objeto proyectable al aire por los directores de las bandas de gaiteros escoceses, compañero cinematográfico de Fred Astaire y Maurice Chevalier…

A la postre, el bastón ha tenido desde antiguo todo tipo de usos y funciones: desde la más pragmática, que es servir de ayuda al cuerpo que anda cansado o como arma de defensa, hasta las más ociosas y sofisticadas como son el servir de tintero, taco de billar enroscable o reloj despertador. El joyero Van Cleef llegó a venderle a la maharaní de Baroda un delicadísimo santón-esenciero cuya pedrería sumaba más de 500 quilates.

Hay quien ha escrito que se conocen más de 1.500 usos del bastón, lo que quizá constituya una exageración. Hablo del tema con Cocomir, nuevo nombre de José Vicente Corominas, que corresponde a su nueva vida de escultor y creador de bastones. Antes fue arquitecto, establecido en muchos países del mundo; hoy es, posiblemente, el hombre que más sepa de bastones en España. Cocomir trabaja entre Sant Antoni de Calonge, donde tiene tienda y taller, y Torre Valentina, y es, desde luego, el único escultor que ha creado más de 300 modelos, que realiza artesanalmente. Pues bien, el artista advierte que en el coleccionismo de bastones de época lo excepcional es encontrar uno que no está falsificado en su carey, puño, marfil y hasta caña o vara.

Usos alternativos
“Todo bastón tiene un sentido, debe oscilar, casi caminar solo y brindar su inercia al paseante”, dice Cocomir. La vara o caña tiene ahora una medida de 92 centímetros y ha crecido bastante desde que este objeto tan bonito y práctico tuvo su época dorada a finales del siglo pasado y principios del actual.

Con el mimetismo, hay quien lo atesoró fijándose en sus usos inútiles, tan abundantes. Por ejemplo, en el bastón con puño de cristal que acompañaba al suicida del “Vecchio frack” o el “country” inglés, capricho de encargo que hacían lores y caballeros a los mejores artesanos para recordar los nobles rasgos de la cabeza de su mejor perro de caza o de su hijo perdido en las colonias victorianas.

Hubo amigos de las armas blancas que encargaban bastones-estoque con ánima del mejor acero. En cuanto a las armas de fuego, la casa Beretta -informa Cocomir- fabricó bastones especiales para la guardia personal del último sultán turco, mientras que la firma Remington anunciaba en la prensa más selecta sus productos.

Y todavía abundan en el mundo hispánico las varas que esconden ánimas de escopetas y carabinas, que alojan en disimuladas recámaras cartuchos de postas y balas.

Al inútil bastón de ópera vamos a sumarle otros. Por ejemplo, el tan tradicional de cayado o también el “pistol grip”, que tiene forma de puño y, por tanto, se empuña si es bueno con facilidad anatómica y, por fin, el elegante y curvo que uno tomaba por el más antiguo y que ha resultado ser el más moderno de todos.

En el capítulo de maderas, los mejores bastones antiguos son de malaca, una especie de junco de origen oriental. También en caña de bambú, mucho más barata y asequible, se hicieron bastones de todo tipo, pero son las maderas de cerezo y de castaño las que hoy por hoy resultan más agradecidas. En cuanto a exotismos y sorpresas vale todo: trenzados de tripa de toro, mazos de naipes perforados por un ánima de acero y luego torneados, como si fuera madera, y los que no disimulan ni encubren su dureza de hierro o acero para cumplir una doble función.

Dejando a parte el bastón de excursionistas, muy barato y práctico, volvamos a los más sofisticados. Está claro que un buen mango de plata exige ir de largo, rematar bellamente la obra con maderas más nobles de apariencia que realmente prácticas: caoba, palisandro y otras excelentes maderas tropicales no cimbrean ni resultan como la malaca o el cerezo. Serán más bonitas, pero menos útiles.

En España se fabrican, a parte de los bastones y muletas para personas con problemas de locomoción, bastones para coleccionistas que pueden adquirirse en las tiendas especializadas que existen en las principales ciudades. En total, cree Cocomir, debemos producir unos 600.000 bastones de todo tipo al año, y hasta exportamos, pero una cifra casi ridícula comparada con la de los italianos, cuya factoría más importante produce en Milán más de tres millones de unidades al año.

En las salas de subastas y anticuarios, abundan los bastones de buen aspecto, muchas veces rehechos con mangos y cañas que no se corresponden. Pero son bonitos, no salen caros y se están poniendo de moda.

A cada uno su estilo y su precio, que segur calidad, materiales, rareza y creatividad, para ir subiendo si a todo esto se acompaña la singularidad. Pero uno diría que, aquí y ahora, no son caros. Bastones de colección (ojo a los refritos que no merecen este calificativo) los hay en anticuarios, “brocanters”) y salas de subastas. Y también hay buenas tiendas donde venden bastones de diseño más o menos eterno y bastantes ingleses, que siguen siendo consumidores importantísimos, buenos fabricantes y, en ocasiones, muy creativos.

Para creatividad, escultura, formas acariciantes y funcionalidad garantizada del artilugio, los bastones de Cocomir, accesibles en algunas tiendas, a parte de la suya. En estilo realmente distinto, clásico y hermoso, la escultora Pallejá modela unas hermosísimas cabezas de perro que sirven de empuñadura para unos excepcionales “sticks” súper británicos, una vez fundidas en metales nobles.

 

LAS 1.500 POSIBILIDADES DEL ELEGANTE BASTÓN
Por Rafael Espinós
Publicado en La Vanguardia, “Casa y Ambiente”, p. 8,
0ctubre 27, 1991

Anuncis

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s